“Aumentar la eficiencia en el vivero mediante la tecnología dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad”

El sector viverístico europeo afronta uno de los momentos más decisivos de su historia. El cambio climático, el incremento de los costes de producción, la escasez de mano de obra cualificada y una regulación cada vez más exigente están redefiniendo el futuro de la producción ornamental. En esta entrevista, Tim Van Hulle, presidente de la European Nurserystock Association (ENA), analiza los principales desafíos y oportunidades del sector, reclama un mayor reconocimiento institucional del papel estratégico de los viveros y defiende la necesidad de impulsar políticas que sitúen a las plantas y los espacios verdes en el centro de la transición climática.

El sector europeo de la planta ornamental atraviesa un periodo de transformación marcado por la sostenibilidad y el aumento de la regulación. ¿Cuál considera que es el principal reto al que se enfrentan actualmente los viveros europeos?

Los viveros europeos se enfrentan simultáneamente a varios desafíos. El más importante es mantener su viabilidad económica mientras se adaptan a un entorno que cambia con rapidez.

Los costes de producción siguen aumentando, mientras que el acceso a recursos esenciales como la tierra y el agua es cada vez más complicado. El cambio climático obliga a los productores a adaptar sus sistemas de cultivo, invertir en nuevas tecnologías y gestionar una mayor incertidumbre. Al mismo tiempo, las enfermedades y plagas vegetales aumentan, en parte como consecuencia del comercio mundial y del propio cambio climático.

Otro motivo de gran preocupación es la pérdida de conocimiento especializado. Muchos profesionales con experiencia están alcanzando la edad de jubilación, mientras que cada vez menos jóvenes se incorporan al sector. Unido al incremento de las cargas administrativas y regulatorias, esto genera una presión considerable sobre las empresas viverísticas de toda Europa.

La Asociación Europea de Viveros (ENA) continúa destacando el valor ambiental de las plantas y los espacios verdes. ¿Cree que las administraciones europeas están reconociendo suficientemente el papel del sector ornamental en la lucha contra el cambio climático?

No, todavía no. Cada vez existe un mayor reconocimiento de la importancia de la adaptación al cambio climático, la biodiversidad y las ciudades más verdes, pero ese reconocimiento rara vez se traduce en un apoyo concreto al sector viverístico, que es el encargado de suministrar las plantas necesarias para alcanzar estos objetivos.

La Unión Europea ha puesto en marcha iniciativas ambiciosas, como el compromiso de plantar tres mil millones de árboles adicionales, pero estas metas deben ir acompañadas de estrategias de inversión a largo plazo. Las plantas no deberían considerarse un elemento opcional del desarrollo urbano, sino una parte esencial de cualquier proyecto de construcción o infraestructura.

Los gobiernos también podrían estimular la inversión privada creando incentivos para que las empresas inviertan en árboles e infraestructura verde. Por ejemplo, hacer que determinadas inversiones en plantaciones sean fiscalmente deducibles sería una medida relativamente sencilla con importantes beneficios ambientales.

La reducción de las materias activas para la protección vegetal y la transición hacia sustratos sin turba ya forman parte de la realidad cotidiana de los productores. ¿Cómo valora la adaptación del sector a estos cambios?

El sector se está adaptando y mantiene un firme compromiso con la mejora de la sostenibilidad. Sin embargo, los cambios deben ser técnicamente viables y económicamente realistas.

El problema es que algunos métodos de producción están siendo restringidos antes de que existan alternativas prácticas suficientemente desarrolladas y probadas. Esto resulta especialmente evidente en el ámbito de los productos fitosanitarios y de las alternativas a la turba.

Los viveros están dispuestos a adoptar nuevas soluciones, pero estas deben ofrecer el mismo nivel de eficacia, fiabilidad y calidad de planta. Por ello, la investigación, la innovación y los ensayos de campo son fundamentales. Lamentablemente, el apoyo actual a la investigación aplicada en estas áreas sigue siendo insuficiente en comparación con la magnitud de la transición que se exige a los productores.

La ENA lleva tiempo reclamando que los viveros sean incluidos tanto en la Política Agraria Común (PAC) como en los mecanismos de certificación para la eliminación de carbono. ¿Qué sigue faltando para que esto sea una realidad?

Lo primero que hace falta es reconocimiento. Los responsables políticos deben reconocer que los viveros constituyen un sector estratégico. Producimos las plantas necesarias para la adaptación al cambio climático, la restauración de la biodiversidad, la silvicultura, la agricultura y la creación de ciudades más verdes. Sin embargo, nuestro sector suele quedar al margen cuando se diseñan los mecanismos de apoyo.

A escala europea pueden establecerse los marcos adecuados, pero su aplicación también depende de los Estados miembros. Necesitamos un mayor reconocimiento en la legislación nacional, un mejor acceso a los programas de apoyo y un marco práctico que permita a los viveros participar en los programas de eliminación de carbono y otras iniciativas medioambientales.

En lugar de crear nuevas barreras, las políticas públicas deberían contribuir a ampliar el mercado de la producción vegetal sostenible y fomentar la inversión a largo plazo.

Algunos países europeos afrontan una creciente escasez de mano de obra cualificada y problemas de relevo generacional. ¿Qué debería cambiar para que los jóvenes vuelvan a ver la producción de vivero y la horticultura ornamental como una carrera profesional atractiva?

Las tendencias demográficas hacen que cada vez menos jóvenes se incorporen al mercado laboral, mientras muchos profesionales experimentados se jubilan. Este reto afecta a toda la economía, pero resulta especialmente evidente en sectores especializados como el viverístico.

El sector debe seguir invirtiendo en automatización, mecanización y tecnologías digitales para mejorar la eficiencia y compensar la falta de mano de obra. Al mismo tiempo, debemos ofrecer oportunidades profesionales atractivas, salarios competitivos e itinerarios claros de desarrollo profesional.

Sin embargo, atraer talento también requiere un mercado sólido y en crecimiento. Es más probable que los jóvenes se incorporen a una industria que sea reconocida como estratégica y respaldada por las políticas públicas. La sociedad comprende cada vez mejor el valor de las plantas, pero ese reconocimiento debe ir acompañado de compromisos concretos por parte de los responsables políticos.

¿Qué tendencias cree que marcarán el mercado europeo de plantas ornamentales en los próximos cinco años: variedades más resilientes, producción local, digitalización, automatización o cambios en los hábitos de consumo?

Todas estas tendencias desempeñarán un papel importante, pero hay tres factores que serán especialmente determinantes.

En primer lugar, la resiliencia climática. Los productores se centrarán cada vez más en variedades capaces de desarrollarse en condiciones ambientales más variables y exigentes.

En segundo lugar, la automatización y la digitalización. Es poco probable que la escasez de mano de obra mejore en el corto plazo, por lo que aumentar la eficiencia mediante la tecnología dejará de ser una opción para convertirse en una necesidad.

En tercer lugar, la producción local y el conocimiento especializado. Producir plantas de alta calidad requiere una experiencia que tarda décadas en adquirirse. Conservar ese conocimiento en Europa será cada vez más importante a medida que las sociedades busquen una mayor resiliencia y autosuficiencia.

El futuro pertenecerá a las empresas que sepan combinar flexibilidad, innovación y diversidad, tanto en su cartera de plantas como en sus equipos humanos. Estas cualidades serán esenciales para desenvolverse con éxito en un entorno cada vez más incierto.

Noticias relacionadas